Artículo de opinión publicado a la sección Tribuna de La Vanguardia el 6 de septiembre de 2026.
Hace demasiados años que jugamos al juego de la oca con el mecenazgo en Cataluña.
Hace demasiados años que los sectores de la cultura, la acción social, la ciencia y la investigación reclamamos una ley catalana de mecenazgo. Una ley que incentive y reconozca que la ciudadanía, las empresas y las entidades puedan implicarse más en aquello que hace avanzar al país.
Ahora tenemos las fichas y estamos en plena partida, con la ley en el Parlamento y un recorrido lleno de casillas favorables que nos pueden hacer avanzar rápido, pero también con peligros que habrá que superar si queremos que se convierta en una realidad.
Pero toca tirar los dados y ser valientes. Continuar con una estrategia clara.
Y son los políticos quienes tienen que mover ficha.
No podemos volver a jugar la partida como en legislaturas anteriores, cuando el tiempo se agotó y una iniciativa que parecía estar a punto de convertirse en ley acabó cayendo en la casilla que te obliga a volver a empezar.
No nos lo podemos permitir otra vez.
Es cierto que hay enmiendas y discrepancias. Vox ha presentado una enmienda a la totalidad de la propuesta. Pero las diferencias no pueden convertirse en una excusa para detenernos. Al contrario: ahora es el momento de negociar, de acordar, de ceder cuando haga falta y de encontrar los puntos de coincidencia.
Hay que dejar atrás los reproches y las controversias e ir a la una. No podemos dejarlo todo al azar de los dados que nos salgan.
Porque hay cosas que tienen que estar por encima de la disputa partidista.
Cataluña es un país que se ha construido, en buena parte, gracias a su sociedad civil. Gracias a personas que han creado e invertido tiempo y dinero en asociaciones, ateneos, fundaciones, escuelas, proyectos culturales, iniciativas sociales e instituciones científicas. Gracias a ciudadanos que han puesto su tiempo, su talento y sus recursos al servicio de un proyecto colectivo, dejando un legado que pervive.
El mecenazgo forma parte de esta tradición. Forma parte de cómo somos.
Por eso, esta no es solo una ley para la cultura. Ni para unos pocos. Es una ley para reforzarnos a todos: a la sociedad civil y a la capacidad de todo el mundo de contribuir a construir el país que queremos. Un país mejor.
Y ahora tenemos la oportunidad de dar un paso adelante.
Que los políticos tiren el dado. Que muevan ficha.
¡Saltemos de oca en oca, de acuerdo en acuerdo, de trámite en trámite y, por favor, avancemos!
Cataluña necesita avanzar.
Necesitamos una ley antes de acabar el año. No de aquí a una legislatura. No cuando haya otro momento político más conveniente. Ahora.
Por eso pedimos a los grupos parlamentarios que hagan posible el acuerdo. Que aparquen los reproches, que superen las controversias y que entiendan que esta es una de aquellas ocasiones en las que hay que ir a la par para ganar la partida.
Ahora no toca esperar.
Toca tirar los dados, saltar adelante y llegar a la meta aprobando la Proposición de Ley de fomento del mecenazgo de Cataluña.
Y, sobre todo, no volver nunca más a la casilla de salida.