Entrevista a Anna Villarroya, experta en la economia de la cultura y de las artes y en políticas culturales | Fundació Catalunya Cultura
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Entrevista a Anna Villarroya, experta en la economia de la cultura y de las artes y en políticas culturales

29/08/2025

“La cultura es una inversión estratégica que contribuye de manera decisiva al desarrollo integral de la sociedad.”

 

Más allá de su valor creativo, la cultura tiene un impacto económico relevante, que se refleja en la creación de empresas, puestos de trabajo y en su contribución al Valor Añadido Bruto (VAB) de Cataluña. Al mismo tiempo, favorece la cohesión social, enriquece la vida de la ciudadanía y proyecta el territorio internacionalmente. Para analizar esta relación entre cultura y economía, conversamos con Anna Villarroya, directora del Centro de Investigación en Información, Comunicación y Cultura (CRICC) de la Universidad de Barcelona, experta también en políticas culturales, desigualdades de género y condiciones laborales del sector.

– ¿De qué manera puede ponerse en valor el sector cultural como motor económico?
– El sector cultural puede valorarse económicamente mediante los mismos indicadores que se utilizan para medir la contribución de cualquier otro sector a la economía del país. Algunos ejemplos son su aportación al Valor Añadido Bruto (VAB), que en 2022 representó el 2 % de la economía nacional, generando un total de 5.186 millones de euros; las 50.608 empresas dedicadas a actividades culturales, que suponen un 7,9 % del total de empresas ubicadas en el territorio; o los 112.000 trabajadores del sector, que representan el 3,1 % del empleo total.

Ahora bien, también debe tenerse en cuenta el impacto que la cultura ejerce en otros sectores de la sociedad —como el turismo, el comercio, la construcción, la sanidad o la educación—, un efecto multiplicador que a menudo no queda reflejado en las estadísticas oficiales, centradas principalmente en el impacto directo.

“En 2022, el sector cultural representó el 2 % de la economía nacional, generando un total de 5.186 millones de euros.”

– ¿Por qué la cultura es una inversión estratégica?
– La cultura es una inversión estratégica que contribuye de manera decisiva al desarrollo integral de la sociedad. Más allá de generar actividad económica, creación de empresas y empleo, enriquece la vida ciudadana con beneficios intangibles que impactan positivamente en la salud, el rendimiento académico y el bienestar colectivo. También favorece la cohesión social y refuerza la proyección internacional del país.

Al mismo tiempo, invertir en cultura significa promover la creatividad, el pensamiento crítico y la libertad de expresión, valores fundamentales para una ciudadanía activa y comprometida. La cultura fortalece las identidades compartidas, fomenta la diversidad y actúa como palanca de transformación social.

“Más allá de generar actividad económica, creación de empresas y empleo, enriquece la vida ciudadana con beneficios intangibles.”

– ¿Cómo pueden medirse los valores intangibles de la cultura?
– Es complejo, porque no existe una definición ni una medición clara. Es necesario combinar métodos cuantitativos y cualitativos para captar tanto el impacto como los mecanismos que lo generan. Para hacerlo con rigor, puede utilizarse el concepto de contrafactual, que compara lo que ha ocurrido con lo que habría ocurrido sin la intervención. Los métodos experimentales, como los ensayos controlados aleatorizados, son especialmente útiles para establecer si los cambios observados son realmente causados por la intervención cultural.

– ¿Qué subsectores culturales presentan mayor potencial de crecimiento?
– Todos los subsectores culturales tienen potencial de crecimiento, pero su desarrollo dependerá de cómo se adapten a las nuevas tendencias de la economía actual, marcada por la digitalización, la sostenibilidad y la profesionalización. En general, las industrias culturales están innovando tanto tecnológica como ecológicamente. Los subsectores con una mayor contribución económica han sido tradicionalmente el libro y la prensa, el audiovisual y multimedia, gracias a su rápida incorporación de nuevas tecnologías, y más recientemente la publicidad, por su alto nivel de creatividad.

“Los subsectores con una mayor contribución económica han sido tradicionalmente el libro y la prensa, el audiovisual y multimedia.”

– ¿De qué manera la digitalización afecta la viabilidad económica de la cultura? ¿Qué ventajas ofrece y qué riesgos deben tenerse en cuenta?
– La digitalización ha transformado profundamente la viabilidad económica del sector cultural. Por un lado, ha aportado ventajas significativas: facilita la difusión global de los contenidos, reduce los costes de producción y distribución, y abre nuevas vías de ingresos a través de plataformas digitales, servicios de streaming o la venta de obras en línea. También permite llegar a audiencias más amplias y diversificadas.

Sin embargo, también presenta riesgos importantes. La concentración del mercado en manos de grandes plataformas digitales puede reducir los ingresos directos de los creadores, favorecer la precarización laboral y contribuir a la uniformización cultural. Además, la brecha digital puede excluir a determinados colectivos tanto en el acceso como en la participación en la producción y el consumo cultural.

– ¿Qué consecuencias tiene la precariedad laboral en el sector cultural en relación con su desarrollo económico y la capacidad de atraer y retener talento a largo plazo?
– La precariedad laboral en el sector cultural tiene consecuencias graves tanto para su desarrollo económico como para su capacidad de atraer y retener talento. Cuando los profesionales de la cultura trabajan en condiciones inestables, con salarios bajos y escasa protección social, se dificulta la continuidad de los proyectos, se reduce la capacidad de innovación y se compromete la calidad de las producciones.

A largo plazo, esta situación puede desincentivar a las nuevas generaciones a dedicarse al sector y provocar una fuga de talento hacia ámbitos más estables, debilitando el tejido cultural y disminuyendo su contribución tanto a la economía como al bienestar individual y social. Por tanto, garantizar unas condiciones laborales dignas no es solo una cuestión de justicia social, sino una inversión estratégica para asegurar la sostenibilidad y la vitalidad del sector.

“Cuando los profesionales trabajan en condiciones inestables, con salarios bajos y escasa protección social, se dificulta la continuidad de los proyectos.”

– ¿Cómo se manifiesta la desigualdad de género en el sector cultural?
– La evidencia muestra que la desigualdad de género sigue siendo una realidad persistente en el sector cultural, especialmente en lo que respecta al empleo, las condiciones laborales y el acceso a oportunidades para las mujeres. A pesar de los avances, estas continúan estando infrarrepresentadas en determinados ámbitos, como la industria del cine, los videojuegos o la música.

Cuando acceden al mercado laboral, a menudo enfrentan mayores dificultades para alcanzar posiciones de liderazgo, sufren condiciones laborales más precarias —con mayor presencia de contratos temporales o a tiempo parcial— y tienen menos acceso a financiación pública. Además, reciben una remuneración inferior por trabajos de igual valor, y su trabajo suele tener menos visibilidad y reconocimiento que el de sus homólogos masculinos, lo que limita su desarrollo profesional y perpetúa las desigualdades estructurales dentro del sector.

– ¿Por qué las mujeres siguen siendo minoritarias en los cargos de responsabilidad? ¿Qué medidas deberían impulsarse para revertir esta situación?
– La presencia de mujeres sigue siendo minoritaria en los cargos de responsabilidad. En el caso catalán, como en muchos otros contextos, las principales barreras para su progresión profesional son las dificultades para conciliar la vida laboral con la personal y familiar, una responsabilidad que continúa recayendo mayoritariamente sobre ellas.

Además, el modelo de gobernanza de muchas organizaciones culturales aún responde a estructuras tradicionales dominadas por hombres —a menudo blancos y de mediana edad— que tienden a reproducir patrones de contratación basados en su propia imagen.

Para revertir esta situación, es necesario establecer objetivos claros de representación femenina en espacios de decisión, jurados y órganos de reconocimiento, al mismo tiempo que se promueve una cultura organizativa que favorezca realmente el liderazgo de las mujeres.

“Las principales barreras para la progresión profesional de las mujeres son las dificultades para conciliar la vida laboral con la personal y familiar.”

– Y en concreto, ¿qué políticas públicas deberían implementarse para combatir estas desigualdades?
– A corto plazo, es esencial garantizar que la perspectiva de género y el objetivo de igualdad se integren de forma transversal en todas las fases del ciclo de las políticas públicas: desde el diseño hasta la implementación, el seguimiento y la evaluación. Esta integración sistemática no solo responde a los compromisos internacionales en materia de igualdad, sino que también potencia el papel transformador de la cultura como motor de desarrollo sostenible, equidad y diversidad.